Jueves 17 de Junio de 2010

Entre las cosas más difíciles, después de la elección del 4 de julio, estará la recomposición de los grupos políticos en la entidad; el panorama se antoja complicado.

 

El Partido Acción Nacional en Veracruz podría ser el instituto político con  mayores daños colaterales; con la clara intromisión de las fuerzas centrales, los panistas reales, aquellos que saben de la ideología azul, buscarán la luz que los encamine y así no perderse en el camino.

 

La imposición de candidatos que antes militaron principalmente en el PRI, podría ser uno de los reclamos más frecuentes que harán los simpatizantes del partido que fundó Manuel Gómez Morin. Pero principalmente la falta de sensibilidad para operar bien el tema electoral, que nuevamente dejaron en claro, nada más no encuentran la vía que los encamine a triunfos verdaderos.

 

En el PRI habrá que seguir tejiendo fino, con aquellos que no se sintieron tomados en cuenta y que puedan zanjar el no haber sido favorecidos con candidaturas a las alcaldías y diputaciones; los que se quejaron del trato de sus dirigentes de partido en el Estado.

 

Aquellos que exijan posiciones y que se sientan relegados por ver a lo lejos que militantes de otros partidos pueden acceder a ellas, por aquello de equilibrar fuerzas y pagar facturas.

 

Las mujeres priistas, ahora más organizadas, exigirán en el futuro inmediato acuerdos reales y legales; ya no más acarreo de féminas sólo para rellenar actos. Lo que sigue, es una verdadera demanda de equidad de género.

 

El Partido de la Revolución Democrática, que en alguna época llegó a ser la tercera fuerza política en Veracruz, desciende más que nunca; siendo el único partido de izquierda que enarbola la democracia como principio fundamental es preso de la anarquía y la desorganización de sus procesos y donde tal parece que las corrientes predominantes por los grupos dirigentes a nivel nacional tienen como objetivo el fracaso en los resultados electorales.

 

Convergencia, sin mucho cambio, confirma que tiene un dueño y se llama Dante Delgado; ello provoca decisiones unilaterales que únicamente encarrilan al partido naranja a la salida, cada vez más frecuentes, de militantes y amigos del líder moral que no soportan caprichos y formas obsoletas de operar elecciones.

 

Limpiar el cochinero costará mucho, no será rápido, hubo lodo, ese negro y pesado. Por ello, quitarlo requerirá de más de dos manos y varias cabezas.

monicamarena@gmail.com