JUEVES 14 DE MAYO DE 2010

Un buen amigo familiarizado con el tema “competitividad” me expuso el concepto de manera coloquial para entenderlo mejor y compartirlo: “Imagina que el Estado de Puebla es un auto y sus ruedas representan cuatro elementos básicos para avanzar en una misma dirección: gobierno, industria, educación y procuración de justicia; si las ruedas no avanzan en conjunto entonces no hay manera que el vehículo tenga posibilidades para competir”.

 

Pero, ¿qué significa ser competitivo? ¿Qué ventajas tiene vivir en una entidad con altos índices de competitividad? Desde tiempo atrás, organismos empresariales, universidades y foros con invitados internacionales, difunden la importancia de que una empresa, dependencia, profesionista o giro comercial, tengan elementos básicos en su formación para ser competitivos y no quedarse rezagados frente al panorama mundial.

 

Antes de continuar por las entrañas del concepto en cuestión, recurro a una sentencia metafísica (“como es arriba es abajo”), y a menesteres de idiosincrasia, para exponer por qué Puebla está lejos de obtener indicadores satisfactorios en materia de competitividad: Como es arriba es abajo: o bien vendido o bien podrido… En cualquier mercado los comerciantes fijan precios para sus productos que suelen regir oferta y demanda. Al cierre de la jornada laboral tenemos contenedores de basura repletos de verduras, frutas, legumbres que nutren y engrosan la polución de fauna nociva. ¿Quién pierde?: ¿el estado?, ¿el productor?, ¿el intermediario?, ¿el consumidor?

 

Como es arriba es abajo: dejamos tirados los pesos por los centavos… Las rentas se dispararon desde 2008 por la última gran crisis inmobiliaria, pero los empresarios involucrados no dan marcha atrás. ¿El resultado? Casas vacías, rentas detenidas, plazas comerciales a media capacidad, locales lejos del alcance de nuevos emprendedores y, por consiguiente, arrendatarios e industria pierden ingresos y terminan quejándose de la difícil situación económica. "Para qué rentar si puedo abandonarlo un par de años"; "para qué trotar si podemos caminar".

Como es arriba es abajo: la ley del más fuerte y la ley del mínimo esfuerzo conviven dentro de una persona… En la fiebre de tiendas de autoservicio (llámense Oxxo, Extra, Supercity, Súper Ola y demás clones por el estilo) vivimos abusos cotidianos ante la dejadez de su clientela: apenados por el qué dirán, los consumidores no reclaman por los pesos “redondeados” -a fuerza- ni por los precios alterados malévolamente: es común ver que varían notablemente en el camino que va del mostrador a la caja registradora.

 

Como es arriba es abajo: Puebla ocupa uno de los lugares más altos en corrupción y falta de transparencia en la República Mexicana… Desgraciadamente vivimos en la cultura de la trampa donde tomar un atajo para llegar primero es la constante. Una “mordida” libra al infractor de su responsabilidad social; la concesión de una obra pública siempre está rodeada de suspicacias y termina por acaparar notas de ocho columnas en los periódicos.

 

Así las cosas, al estilo del signo lingüístico planteado por Ferdinand de Saussurre a inicios del siglo XX, competitividad y competencia desleal parecen conformar las dos caras de una misma moneda. Y la deslealtad, dentro de la competencia, está más ligada a la mentira y a prácticas corruptas.

 

El lado “b” de la competitividad -la competencia desleal- también incluye a empresas encuestadoras y certificadoras que ven en el chantaje una mina de oro. Los gobiernos, frecuentemente cuestionados por especialistas, suelen ser presas atractivas para quienes “mágicamente” cambian la apariencia de una administración pública a cambio de varios milloncitos del erario público… Pero eso es harina de un costal más pudendo que analizaremos en la siguiente entrega.